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El Remedio Reforzante anticriptogamico y antiparasitario
El Remedio Reforzante anticriptogamico y antiparasitario que describimos en esta entrada, es una adaptación de uno de los nuevos textos introducidos en la reciente reedición revisada y ampliada del libro: “El huerto familiar ecológico” (ver reseña al final de la entrada)
Fruto de ese esfuerzo y de la búsqueda de alternativas sanas y ecológicas, desarrollamos un preparado reforzante de las plantas cultivadas, con efectos tanto preventivos como curativos; que ha demostrado en la práctica poseer efectos reforzantes, insecticidas, fungicidas e incluso viricidas.
Los resultados de su aplicación son tan positivos, que consideramos necesario dar a conocer este remedio tan natural como eficaz, por lo que hemos creído oportuno transcribir aquí los textos “Curar reforzando los aliados naturales” de las páginas 185 y 186 de la 15 edición de “El huerto familiar ecológico” (ver texto al final), incluyendo la receta y forma de uso del“Extracto reforzante y regenerador vegetal”.
Curar reforzando los aliados naturales
Cuando profundizamos en la observación de las respuestas que las plantas han ido desarrollando para sobrevivir y adaptarse a las agresiones del entorno en el que se desarrollan, nos damos cuenta que no se trata de ningún acto caprichoso, innecesario, o debido simplemente al azar. De hecho, la mayoría de plantas –especialmente las más silvestres- desarrollan infinidad de sustancias aromáticas en forma de aceites volátiles, sustancias muy picantes, sustancias muy amargas, terpenos odoríferos o resinas –tan pegajosas como intensamente aromáticas-.
Ahora sabemos que la gran mayoría de estas sustancias solo las elaboran en situaciones de estrés o graves riesgos –sequia, frío intenso, ataques de parásitos depredadores u hongos…- y por tanto es evidente que ejercen funciones reforzantes, regeneradoras y preventivas o paliativas a fin de evitar o combatir los ataques de insectos, virus, bacterias u hongos patógenos.
Es por ello que para reforzar o combatir los posibles problemas que puedan surgirles a nuestras plantas cultivadas en el huerto o el vergel, la forma más efectiva, segura, sana y ecológica, será el recurrir a los propios extractos o sustancias que de forma natural sintetizan y secretan aquellas platas que por sí mismas son resistentes a las inclemencias climáticas o a los parásitos o patógenos presentes en su entorno y que suelen atacarlas habitualmente.
Casi todas las sustancias “fitoprotectoras” pueden reconocerse fácilmente porque suelen ser muy aromáticas (muy picantes, muy amargas e incluso muy acidas) y eso explicaría lo efectivos que resultan los extractos de ajo y guindilla como insecticidas naturales. Siendo conocidos los propóleos (pasta protectora realizada por las inteligentes abejas con una mezcla de ceras, resinas de arboles y sustancias activas extraídas de los brotes de las plantas) como el mayor concentrado natural de sustancias, por lo que en estas páginas le dedicadas una extensa mención (ver pag…).
A partir de la lógica basada en la simple observación de los hechos cotidianos, es fácil comprender porque los extractos de plantas de sabores intensos o muy amargos -como el ajenjo, la cuasia o el tanaceto-, son insectifugos o directamente potentes insecticidas naturales –incluidos el tomillo o el orégano-. Y también podemos entender los efectos ahuyentadores de pulgones que ejercen los extractos de ortigas, lavandas o de la polivalente albahaca.
Lo interesante de las eficaces sustancias que en situaciones de estrés, peligro o ataques, biosintetizan las plantas, es que aparte de los intensos principios activos que desarrollan para protegerse de depredadores, adaptarse al medio o para protegerse de las agresiones ambientales, también sintetizan otras sustancias complementarias que las protegen de los posibles efectos tóxicos de los principios activos más potentes, activos y eficaces. En cambio cuando elaboramos medicamentos o plaguicidas extrayendo o sintetizando solo los principios más activos de las plantas (y no usando las plantas enteras), nos arriesgamos a sufrir leves o severos efectos secundarios, al no disponer de las sustancias protectoras que deberían acompañar a las sustancias o principios más activos.
Y quizás no solo podamos aprovechar los principios activos directamente de las plantas medicinales o aromáticas más conocidas. También son bastante conocidas las propiedades fitoprotectoras de la mayoría de aceites esenciales de plantas aromáticas y medicinales. Y aunque tengamos poca información sobre ello, también resultan muy interesantes las sustancias aromáticas y los taninos que podemos extraer de las pieles de frutas que de por si son resistentes a toda clase de parásitos, como la piel de mango o las del kiwi, e incluso las de las pieles de cítricos como el limón o los pomelos, y quizás -en menor medida- las de las manzanas o las uvas. Por ello, siempre que pelemos estas frutas en casa, en vez de tirarlas al compost, las podemos triturar mezcladas con agua de lluvia u osmotizada –añadiendo un un 5 a 10 % de alcohol o unas gotas de tintura de propóleo-, dejando macerar el triturado de 10 a 30 minutos y sulfatando las platas del huerto con esta dilución rica en sustancias fitoprotectoras (opcionalmente, al triturarlas en el turmix podemos añadir unas ramitas de albahaca, unos dientes de ajo o unos trozos de cebolla, a fin de reforzar sus efectos protectores).
Mas desconocidas aun, nos resultan las propiedades fitoprotectoras de las resinas y los terpenos presentes en los arboles resinosos como las colofonias o las trementinas ( destiladas de la resina de los pinos) curiosamente estas sustancias, aparte de dar un olor penetrante y característico a las maderas de dichos arboles, serian las encargadas de evitar los ataques de parásitos xilófagos (carcomas, gusanos barrenadores y termitas) y del daño que pueden provocarles los hongos presentes en los bosques y zonas con ambientes húmedos. Es bien conocido como las maderas aromáticas de arboles resinosos de crecimiento lento –sabinas, enebros,…) no suelen pudrirse ni verse afectadas de xilófagos, mientras las maderas de arboles poco resinosos y las maderas blandas de arboles de crecimiento rápido, suelen ser pasto de carcomas y hongos en cuanto se les expone a una humedad ambiental alta.
Siendo conscientes del importante papel fitoprotector y regenerador que ejercen los aceites esenciales y las resinas o las sustancias aromáticas de los arboles, lo lógico será que aprendamos a aprovechar al máximo dichas virtudes, ya sea adquiriendo extractos y preparados a base de aceites esenciales, resinas y terpenos vegetales, o elaborando nosotros mismos preparados reforzantes y fitoprotectores, para aplicar en nuestros cultivos en los momentos críticos de su desarrollo o como tratamientos reforzantes y preventivos.
Sintetizando todos los conocimientos teóricos y prácticos de los últimos años, os ofrecemos en el siguiente recuadro: “Extracto reforzante y regenerador vegetal “, una receta base para que experimentéis en el huerto y descubráis que quizás podríamos llegar a prescindir de los complejos y caros laboratorios humanos, siendo como es que tenemos tan a mano los más sofisticados laboratorios vegetales, cuyas sustancias bio-sintetizadas son el efectivo resultado de millones de años de evolución, debiendo admitir que estamos a años luz de poder copiarles y obtener mejores resultados (y posiblemente, exentos de efectos secundarios).
Una cucharada de este extracto reforzante y curativo, mezclada con una o dos cucharadas de jabón potásico, lo hemos aplicado -obteniendo éxitos sorprendentes- como tratamiento preventivo y curativo, contra pulgones, tuta, mosca blanca, oídios, mildiu, royas… Y seguimos investigando nuevas aplicaciones curativas y revitalizadoras; por lo que agradeceremos vuestras aportaciones si lo elaboráis y experimentáis con él.
La formulación y la elaboración de este extracto reforzante, es la síntesis o el resultado de aunar muchos conocimientos -teóricos y prácticos- y los resultados de experiencias de numerosos hortelanos e investigadores agroecológicos, por lo que la intención al hacer pública la receta, es que llegue a ser conocida y utilizada por el máximo de hortelanos y agricultores, conscientes de que les ayudara a disfrutar de plantas productivas y muy sanas, y a prescindir de numerosos tratamientos (que pasaran a ser innecesarios); al tiempo que al ser de dominio público, nadie pueda erigirse como dueño de la formula y quiera cobrarnos o restringir su buen uso.
Las claves para elaborar y aplicar con éxito un remedio que active y refuerce las defensas de las plantas y permita que estén protegidas y se defiendan de enfermedades y parásitos, las debemos buscar en las biomoléculas, sustancias y remedios que las mismas plantas elaboran cuando se enfrentan a algún problema de parasitismo o de estrés.
En el laboratorio casero podemos elaborar nuestro remedio universal utilizando como base directamente esos terpenos y resinas destilados por los árboles, mezclandolos con una base de aceite de oliva extra virgen de presión en frío y con algunos aceites esenciales de plantas medicinales que se muestran resistentes a toda clase de problemas ambientales y patógenos diversos (no les atacan ni pulgones, ni ácaros, ni royas, ni mildiu, ni otros bichitos u hongos patógenos). Es por ello que podemos recurrir especialmente a la ayuda de algunos aceites esenciales de las plantas medicinales más comunes como la salvia, el orégano o el tomillo; añadiendo algún aceite esencial menos conocido como el de semillas de pomelo.
Un remedio base podemos elaborarlo en base a aceite esencial de pino (Retenol), trebentina y propóleo –en extracto o tintura–. Durante siglos, los propóleos y el aceite esencial de pino o la trebentina -destilada de las resinas de coníferas y conocida popularmente como “aguarrás puro”- se empleaban como desinfectantes de heridas y desparasitarios de animales domésticos.
Ingredientes:
– 250 cm3 de aceite de oliva virgen extra
– 150 gramos de lecitina de soja (que no provenga de cultivo transgénicos -OGM-)
– 150 a 250 cm3 de aceite de pino puro (Retenol) o de trementina (el aguarrás vegetal puro destilado de la colofonia o resina de pinos resinosos)
– 20 cm3 de tintura de propóleos (se encuentra en tintura alcohólica o en dilución en glicerina vegetal)
– 25 gotas de aceite esencial de tomillo (de cultivo ecológico)
– 25 gotas de aceite esencial de orégano (de cultivo ecológico)
– 25 gotas de aceite esencial de salvia (de cultivo ecológico)
– 15 gotas de aceite esencial de ajedrea (de cultivo ecológico)
Opcional: si nos es fácil de conseguir podemos añadir unas 20 gotas de aceite esencial de semillas de pomelo (no desamargado)
Ingredientes:
– 250 cm3 de aceite de oliva virgen extra
– 150 gramos de lecitina de soja (que no provenga de cultivo transgénicos -OGM-)
– 150 a 250 cm3 de aceite de pino puro (Retenol) o de trementina (el aguarrás vegetal puro destilado de la colofonia o resina de pinos resinosos)
– 20 cm3 de tintura de propóleos (se encuentra en tintura alcohólica o en dilución en glicerina vegetal)
– 25 gotas de aceite esencial de tomillo (de cultivo ecológico)
– 25 gotas de aceite esencial de orégano (de cultivo ecológico)
– 25 gotas de aceite esencial de salvia (de cultivo ecológico)
– 15 gotas de aceite esencial de ajedrea (de cultivo ecológico)
Opcional: si nos es fácil de conseguir podemos añadir unas 20 gotas de aceite esencial de semillas de pomelo (no desamargado)
En 1999, como fruto de tres años de intensa labor de síntesis, vio la luz la primera edición del libro “El huerto familiar ecológico”.
Hoy -15 años después-, y tras una profunda revisión de los textos y las imágenes, hemos realizado una puesta al día de su extenso contenido (430 páginas y más de 700 imágenes).
En esta 15 edición se ha actualizado y ampliando la información en aquellos capítulos que lo requerían (paso a paso en la elaboración del compost, calendario de siembra y trasplantes, posibles problemas en el huerto y sus soluciones, elaboración de los bancales elevados con rasillones,…), Y añadido información sobre nuevos cultivos como las rúculas, la col china o la estevia.
Quienes ya disponéis de alguna de las ediciones anteriores del libro, comentaros que la información allí contenida sigue siendo igual de válida, y quizás no sea necesario invertir en una nueva edición actualizada (aunque haya algunas mejoras sustanciales, el contenido general sigue siendo el mismo). En el capítulo que considero haber realizado la revisión más a fondo, ha sido el capítulo 7, dedicado a abordar los “Posibles problemas del huerto”, aportando las soluciones más eficaces, simples y ecológicas. En esta complicada labor, tras una profunda reflexión, opté por eliminar las referencias al uso de sustancias químicas como el azufre o el cobre, ofreciendo alternativas tanto o más eficaces y sin los posibles efectos secundarios que dichas sustancias químicas pueden conllevar.